XVII
El comienzo cuesta.
Cuesta tanto como una cuesta hacia arriba y encima, empinada.
El comienzo no siempre se esconde detrás del telón, ni mucho menos, empiezan todos con aplausos.
El comienzo puede ser el pan de cada día que nos ganamos, la persona que a diario vas conociendo o el lápiz que utilizas para hacer de tus garabatos, otro comienzo.
El comienzo a veces quiere ser tan extenso que se queda en la vaga ilusión y nada más. O sí, que del comienzo nace otro comienzo que construye un escalón tras otro.
Y yo, sin subirlos : tengo el mundo intacto bajo mis pies y entre mis dos ojos.
Herczeg Yael



Commentaires