Por esos besos anaranjados...

 Fue que me acordé de aquéllos atardeceres olvidados. 

Y en un atardecer cualquier, me olvidé de los amaneceres en vela esperando vivir en vida y no en vano. 

Hoy, por tus besos ausentes, 

Es que aprendo a darme besos en las frías  mañanas . 

Y cada atardecer me recuerda al susurro de tu voz: cálido, infinitamente corto, pero finito como el aire que ahora sueltas. 

Herczeg Yael 

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